Un hallazgo sorprendente durante la inspección técnica de la CAR en Silvania fue el uso de una supuesta fachada legal para encubrir la explotación minera a gran escala. En el predio intervenido por las autoridades, se encontró fijada una valla de licencia de construcción otorgada por la alcaldía municipal. Sin embargo, al verificar los documentos, los profesionales de la Dirección Regional Sumapaz constataron que dicha licencia estaba vencida desde el mes de mayo de 2025. Además, el permiso solo autorizaba la construcción de una vivienda de apenas 115 metros cuadrados, una superficie ínfima en comparación con los más de 5.400 metros cuadrados que fueron brutalmente afectados por la maquinaria pesada para la minería.
Una Licencia de Baja Escala como Escudo Ilegal
Este caso pone de manifiesto una modalidad delictiva donde se utilizan permisos de construcción de baja escala como escudo para realizar actividades industriales extractivas sin control ambiental. Aunque al momento de imponer la medida preventiva el predio se encontraba nivelado y aparentemente plano, el análisis de los ingenieros ambientales permitió desmentir la supuesta naturaleza original del terreno.
La Evidencia Irrefutable del Volumen Extraído
La técnica de «aplanar» el sitio busca camuflar los frentes de explotación, pero la evidencia recolectada en campo sobre el volumen de material extraído (más de 52.000 toneladas) es irrefutable.
La autoridad ambiental ha hecho un llamado urgente a las administraciones municipales para fortalecer la vigilancia sobre las licencias de construcción otorgadas, evitando que se conviertan en herramientas para eludir la ley minera y ambiental. El impacto en el suelo, la flora y la fauna de Silvania tardará décadas en repararse, lo que subraya la necesidad de una intervención temprana y rigurosa. La medida preventiva busca detener de inmediato cualquier avance adicional en la destrucción de este sector rural, protegiendo así el patrimonio natural de los cundinamarqueses frente a la voracidad de la minería no regulada.
El cierre del año 2025 en el departamento de Cundinamarca ha quedado marcado por un avance sin precedentes en la modernización de su sector rural, específicamente en la transición hacia modelos productivos que respetan los límites de la naturaleza.
Las secretarías departamentales de Agrocampesinado y Bienestar Verde, en una alianza estratégica con la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), anunciaron la culminación exitosa del proyecto de Ganadería Sostenible y Regenerativa.
Esta iniciativa, que representa un cambio de paradigma en la forma en que se concibe el uso de la tierra en la región, busca consolidar un modelo que no solo sea eficiente desde el punto de vista económico, sino que actúe en total armonía con su entorno natural.
El proyecto se presentó como una respuesta directa a la necesidad de mejorar la rentabilidad del sector sin comprometer la salud de los ecosistemas, un equilibrio que ha sido difícil de alcanzar en décadas anteriores.
Gestión del conocimiento y asistencia técnica especializada
El campo cundinamarqués se transforma: inversión de $1.556 millones para la ganadería del futuro
Para lograr estos objetivos, la administración departamental destinó una inversión total de $1.556.213.849, recursos que fueron canalizados hacia el fortalecimiento de las capacidades técnicas y ambientales del sector ganadero.
El secretario del Agrocampesinado, Marcos Barreto, destacó que esta cifra permitió generar impactos positivos inmediatos tanto en la productividad como en la sostenibilidad de los sistemas ganaderos locales.
El proyecto no se limitó a la entregade insumos, sino que se centró en un componente robusto de gestión del conocimiento y asistencia técnica especializada.
Como resultado directo, un grupo de 130 ganaderos de diversas provincias del departamento fueron fortalecidos a través de procesos de formación continua y transferencia de tecnología aplicada al campo.
Esta metodología permitió que los productores beneficiados pudieran transformar sus fincas tradicionales en verdaderos modelos de ganadería regenerativa.
Los cuatro pilares de la sostenibilidad productiva
Los pilares fundamentales del proyecto se centraron en cuatro áreas críticas: el incremento de la productividad, la implementación de buenas prácticas ambientales, la conservación de la biodiversidad y el uso responsable de los recursos naturales.
En términos de eficiencia, el programa logró mejorar la rentabilidad de los sistemas ganaderos, demostrando empíricamente que es posible producir más carne y leche con menores impactos ambientales.
Las buenas prácticas ambientales se enfocaron específicamente en la conservación del suelo y el uso eficiente del agua, recursos que suelen ser los más afectados por la ganadería extensiva tradicional.
Además, se promovió la protección de la biodiversidad local, integrando los parches de bosque y las fuentes hídricas dentro del esquema productivo de las fincas, lo que genera beneficios sociales a largo plazo para las comunidades rurales.
La seguridad hídrica de Cundinamarca ha dado un salto cualitativo con la suscripción de pactos de preservación en cinco localidades neurálgicas: Sesquilé, Guatavita, Guasca, La Calera y Fómeque.
Estos municipios, vecinos al Páramo de Chingaza y al Embalse de Tominé, son claves para el abastecimiento de agua de la región y la capital.
La metodología, bautizada «Incentivos a la Conservación», ha conseguido alinear a la Gobernación, la Alcaldía de Bogotá y varios actores del sector privado en un objetivo unificado.
Recursos y extensión: Blindaje para las cuencas del altiplano
En el trienio reciente, la iniciativa ha movilizado inversiones por encima de $5.700 millones, actuando de manera directa sobre 3.706 hectáreas de predios de importancia ecológica.
El mecanismo empleado es el de Pagos por Servicios Ambientales (PSA), un modelo pionero que compensa económicamente a los habitantes rurales por su función de protectores de los bosques y las microcuencas.
A la fecha, 106 familias se han sumado de forma voluntaria al programa, accediendo a estímulos técnicos y monetarios que rondan los $1.700 millones.
El proyecto no se limita a la transacción financiera. Parte de los fondos se ha destinado a dotar de infraestructura básica a las comunidades, como instalaciones de saneamiento, puntos de agua para el ganado y tanques de reserva, facilitando que la producción agropecuaria se desarrolle en armonía con los ecosistemas prioritarios.
De forma complementaria, se han ejecutado labores de restauración activa mediante la plantación de millares de árboles nativos, con el fin de rehabilitar áreas erosionadas y aumentar la resiliencia climática.
El motor del proyecto: Una coalición institucional sólida
La articulación entre entidades es el pilar de los resultados. Organizaciones como el fondo Alianza BioCuenca, la Fundación Santo Domingo y la corporación Agua Somos han contribuido con capital y conocimiento para asegurar la continuidad del esfuerzo.
Esta alianza garantiza que las intervenciones no sean fragmentadas, sino que respondan a una planificación regional integral para la sostenibilidad del agua. Resguardar el recurso en su origen paramuno es una medida más eficaz que enfrentar su desabastecimiento corriente abajo.
Para las comunidades rurales de Cundinamarca, estos acuerdos simbolizan una vía de progreso que valora su modo de vida y defiende su legado natural. Los avances en Chingaza y Tominé prueban que es factible conciliar el desarrollo humano con la integridad ecológica.
Al terminar 2025, el departamento se consolida como un referente en la gobernanza del agua, construyendo su modelo sobre la cooperación, el reconocimiento justo y la incorporación protagónica de los guardianes del territorio.
El cierre del año 2025 ha marcado un hito para la gestión ambiental en el centro del país, consolidando el compromiso de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) con la protección de la biodiversidad.
En una operación técnica de gran envergadura, la autoridad ambiental logró que 27 animales silvestres, entre mamíferos y aves, regresaran a sus ecosistemas de origen tras superar complejos procesos de recuperación.
Este esfuerzo se enmarca en la misión institucional de la corporación, la cual, a través de sus objetivos y funciones, busca no solo la vigilancia, sino la restauración activa del patrimonio natural en su jurisdicción.
Las jornadas de liberación se llevaron a cabo durante el mes de diciembre, reafirmando que el trabajo científico en los centros de atención y rehabilitación de fauna es la piedra angular para la supervivencia de especies vulnerables.
La autoridad ambiental realizó tres jornadas de liberación que permitieron que los animales volvieran a su hábitat natural de manera segura.
Tres jornadas clave para la reintegración
La estrategia operativa se dividió en tres grandes hitos territoriales para asegurar que cada especie fuera liberada en el entorno biofísico adecuado. La primera jornada tuvo lugar en el municipio de La Vega, Cundinamarca.
En esta zona, caracterizada por ser una reserva natural de bosque montano tropical, se reintegraron 10 individuos que cumplieron satisfactoriamente con los protocolos biológicos, físicos y comportamentales exigidos por los expertos.
Entre los animales liberados destaca un ejemplar de jaguarundí o gato moro, identificado científicamente como Herpailurus yagouaroundi, un depredador clave para el equilibrio del bosque. Junto a él, tres zorros cangrejeros (Cerdocyon thous) y seis zarigüeyas (Didelphis marsupialis) recuperaron su libertad tras demostrar un adecuado estado de salud.
El retorno de estos mamíferos es vital, pues su presencia regula las poblaciones de otras especies y contribuye a la salud integral del bosque montano.
Un compromiso que cierra el año bajo una consigna
Finalmente, el ciclo de liberaciones del 2025 se completó en el municipio de Cota, donde la diversidad de especies reflejó la riqueza biológica de la sabana.
En esta jornada, recuperaron su libertad dos lechuzas, una torcaza, tres zarigüeyas, un zorro, un chamón y una mirla. Magdala Ireguí, directora técnica de Biodiversidad de la CAR, enfatizó que este logro demuestra el compromiso inquebrantable de la autoridad con la defensa de lo natural.
Según la funcionaria, la CAR trabaja en la recuperación de los ecosistemas reconociendo el papel fundamental que cumple la fauna silvestre en el territorio.
Este proceso, aunque a menudo prolongado, garantiza que los animales regresen en condiciones óptimas, aumentando sus posibilidades de adaptación y supervivencia en un entorno que cada vez enfrenta más presiones externas.
La corporación cierra el año bajo la consigna #LaCARActúa, invitando a la ciudadanía a utilizar sus canales de atención para seguir protegiendo la vida silvestre.
La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR)clausuró su iniciativa «Navidad Sostenible – Territorio CAR 2025», un proyecto que ha evidenciado la viabilidad de fusionar el espíritu festivo con prácticas ecológicas. Con la adhesión de 94 agrupaciones y municipios, el certamen galardonó propuestas que emplearon la inventiva y los principios de la economía circular para conmemorar la temporada sin comprometer los ecosistemas. El director de la CAR, Alfred Ballesteros, subrayó que estas experiencias colectivas materializan un pacto tácito por la preservación del patrimonio natural.
Nacimientos verdes: Reciclaje como materia prima para la tradición
En el apartado de «Pesebre Sostenible», los municipios de Bituima, Cabrera, Nimaima, Pacho y Susa recibieron distinciones por sus montajes innovadores. En estas comunidades, se sustituyeron recursos naturales extraídos del bosque por desechos recuperados y materiales duraderos, promoviendo un rechazo claro a la extracción ilegal de flora. Casos como el del Centro Día de Bituima, bajo la guía de William Barrera Ruiz, ilustraron cómo el ingenio puede transformar residuos en expresiones de fe respetuosas con el ambiente.
Celebraciones barriales: Integración social y respeto por el paisaje
De forma paralela, la categoría «Aguinaldo Comunitario Sostenible» premió iniciativas en los barrios de Apulo, Chocontá y Girardot. Aquí, la ornamentación de espacios y la realización de actividades se diseñaron bajo premisas de cohesión social y bajo impacto territorial, fomentando la convivencia y el cuidado de los bienes públicos. Un jurado especializado evaluó cada proyecto considerando no solo su atractivo visual, sino también su adecuación al contexto local y el nivel de involucramiento de los residentes.
Un impulso para el cambio: Instalando hábitos más allá de diciembre
El verdadero valor de este concurso trasciende el reconocimiento inmediato. La apuesta de la CAR es catalizar una transformación cultural perdurable, donde la reutilización creativa se normalice en la cotidianidad. La ceremonia formal de premiación está agendada para enero de 2026, e incluirá recorridos por las localidades ganadoras para documentar y replicar sus metodologías en otras zonas del territorio nacional.
Esta acción refuerza el papel de la corporación en la pedagogía ambiental y el fortalecimiento del liderazgo comunitario. Al motivar a los ciudadanos a interactuar con su entorno de forma consciente, la CAR está construyendo cimientos para una gestión ambiental más descentralizada y efectiva. La Navidad del 2025 en Cundinamarca quedará registrada no solo por su alegría, sino por la capacidad de sus pobladores para idear soluciones que salvaguarden las fuentes de agua, la cobertura vegetal y la diversidad biológica de la jurisdicción.