El panorama del consumo en Colombia ha experimentado una transformación radical impulsada por gigantes del comercio digital como Shein y Temu.
Esta tendencia no solo ha modificado los hábitos de compra, sino que ha captado la atención de las autoridades fiscales debido al volumen de dinero y mercancía que circula fuera de los canales tradicionales de importación.
De acuerdo con las cifras reveladas por la DIAN, las importaciones de bajo valor (entre US$50 y US$200) se han consolidado como un pilar del comercio electrónico, sumando un valor en aduanas de $3,96 billones durante el año 2024.
El comportamiento de estas compras muestra una curva ascendente preocupante para quienes buscan estabilidad en la balanza comercial. Mientras que en el primer semestre de 2024 se registraron $1,5 billones en envíos, la cifra saltó a $2,3 billones en la segunda mitad del año.
Este frenesí comprador alcanzó su punto máximo en diciembre, impulsado por las festividades de fin de año, mes en el que se reportaron ingresos de mercancía por valor de $526.461 millones.
La respuesta del gobierno: un IVA del 19% y grandes expectativas de recaudo
Ante esta realidad, el Gobierno Nacional ha decidido intervenir mediante la aplicación de un IVA del 19% para envíos en este rango de precios, apostando a un recaudo de $406.000 millones para el año 2026.
Sin embargo, la implementación de este impuesto enfrenta serios cuestionamientos técnicos y de mercado. Juan Pablo Díaz Castaño, asociado tributario en Holland & Knight, sugiere que el impacto será parcial.
Según su análisis, aunque el encarecimiento de los productos podría disuadir la compra de bienes prescindibles, la demanda estructural se mantendrá firme en categorías como tecnología y moda que no tienen competencia local fuerte.
Díaz también advierte sobre un posible «efecto rebote», donde los usuarios simplemente migren sus compras hacia el umbral inferior a los US$50 para evitar el gravamen, lo que volvería inciertos los resultados fiscales.
El gran desafío: evasión y la colosal tarea de fiscalización
Desde una perspectiva legal, Karen Hernández, socia de Galo Estudio Legal, plantea un escenario de riesgo mayor: la evasión.
Hernández señala que la presión fiscal en un entorno de crecimiento moderado incentiva a los ciudadanos a buscar mecanismos para eludir el pago, tales como el fraccionamiento de pedidos o el uso de intermediarios.
Para la experta, el costo operativo que la DIAN tendría que asumir para fiscalizar millones de paquetes pequeños podría terminar superando el beneficio neto del recaudo, desvirtuando el objetivo de la medida.
La magnitud del reto de fiscalización queda en evidencia al observar los datos del sector postal. Según la Cuenta Satélite citada por el DANE, en el tercer trimestre de 2025 ingresaron al país 12,4 millones de paquetes, un incremento del 97,3% frente al mismo periodo de 2024.
En el acumulado anual de 2025, la cifra superó los 37 millones de envíos, casi duplicando la actividad del año anterior. Esta avalancha de paquetes internacionales pone a prueba no solo la logística nacional, sino la capacidad del Estado para regular un mercado digital que fluye mucho más rápido que sus leyes.
En conclusión, mientras el Gobierno ve en Shein y Temu una fuente necesaria de ingresos tributarios, los expertos advierten que el consumidor colombiano siempre encontrará la forma de adaptar su bolsillo a la nueva realidad digital.





0 comentarios