Lo que se proyectaba como una temporada invernal convencional se ha convertido en un prolongado fen�meno clim�tico que mantiene a Cundinamarca en un estado de alerta m�xima.
Seg�n el gobernador Jorge Emilio Rey, el departamento vive una anomal�a clim�tica de ocho meses, donde la ausencia de la tradicional temporada seca de fin de a�o ha sido determinante.
Los suelos, completamente saturados, han perdido su capacidad de absorci�n, y los niveles de los r�os y quebradas se mantienen persistentemente altos y vol�tiles.
El balance humano de esta crisis es tr�gico: diez personas han perdido la vida y 21 m�s han resultado lesionadas en diversos incidentes relacionados con la fuerza desatada del agua.
Las zonas prohibidas que siguen cobrando vidas
El mandatario detall� que gran parte de la tragedia se ha concentrado en las llamadas «rondas h�dricas», �reas de manejo especial que, durante episodios de lluvias intensas, no deber�an ser habitadas ni transitadas.
Sin embargo, se han registrado al menos seis accidentes cr�ticos en estos puntos, evidenciando la vulnerabilidad persistente de la poblaci�n.
La afectaci�n econ�mica y social es profunda: m�s de 1.200 familias han visto sus hogares, cultivos y medios de vida seriamente impactados por inundaciones y crecientes s�bitas.
«Incluso cuando los r�os aparenten estar en calma, la amenaza es real», enfatiz� Rey, explicando c�mo una lluvia fuerte en las partes altas de una cuenca puede generar aludes de agua que bajan en cuesti�n de minutos, atrapando a desprevenidos.
Medidas extremas: cierres, prohibiciones y un llamado a la acci�n
En respuesta a esta emergencia prolongada, el gobierno departamental ha activado un plan de choque que demanda la cooperaci�n total y el ejercicio de autoridad por parte de los gobiernos locales.
El gobernador inst� de manera enf�tica a los alcaldes a no vacilar en el uso de sus facultades policivas para restringir o cerrar por completo el acceso a puentes, pasarelas peatonales, balnearios y cualquier zona recreativa natural que, en las condiciones actuales, se han convertido en trampas mortales.
Entre las advertencias m�s estrictas se encuentra la prohibici�n absoluta de intentar cruzar cuerpos de agua, ya sea a pie, a caballo o en veh�culos livianos, y la necesidad de una vigilancia especial sobre ni�os y j�venes en sectores ribere�os.
Con los organismos de socorro en alerta permanente, Cundinamarca se prepara para seguir enfrentando un clima hostil que pone a prueba tanto la infraestructura como la resiliencia de sus habitantes.





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