En un hito para la gestión ambiental y la salud pública en Colombia, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) ha implementado un sistema de monitoreo especializado para detectar bacterias resistentes a los antibióticos en el río Sumapaz.
Esta iniciativa, que se desarrolla específicamente en el municipio de Fusagasugá, marca un precedente histórico al ser la primera vez que una entidad territorial en el país adelanta un seguimiento sistemático de este tipo en fuentes hídricas naturales.
Posicionando a la región como un referente nacional en la aplicación de ciencia de vanguardia para la protección de los ecosistemas y la salud de las comunidades.
Un protocolo global para un problema local: el enfoque «Una Salud»
El proyecto se fundamenta en el “Protocolo Triciclo”, diseñado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El nombre de este protocolo no es casual; responde a un enfoque de salud integrada que abarca de manera holística tres ejes fundamentales: el humano, el animal y el ambiental.
Esta visión integral, conocida como «Una Salud», reconoce que la resistencia bacteriana ha dejado de ser un problema confinado exclusivamente a los hospitales o entornos médicos, transformándose en un reto ambiental crítico que conecta la contaminación con la salud pública.
Según la CAR, el agua contaminada actúa como el nexo principal donde convergen los desechos de las actividades humanas, los residuos de la producción agrícola y pecuaria, y los frágiles ecosistemas, facilitando el intercambio genético de las bacterias y la propagación acelerada de su resistencia a los fármacos.
El río como reservorio de resistencia: un riesgo invisible
Carlos Gutiérrez, subdirector General de Planificación y Ordenamiento Ambiental de la CAR, ha sido enfático en explicar la dinámica de este fenómeno.
La descarga constante de antibióticos, metabolitos farmacéuticos y otros residuos químicos en ríos y quebradas no solo altera la biodiversidad de manera profunda, sino que crea un ambiente de selección constante donde solo las bacterias capaces de resistir estos compuestos sobreviven y se multiplican con ventaja.
De este modo, los cuerpos de agua se transforman en verdaderos reservorios y vectores de diseminación de resistencia bacteriana, lo que representa un riesgo latente y creciente para las comunidades que dependen del río para actividades de riego, recreación o incluso consumo indirecto, comprometiendo la eficacia de los tratamientos médicos futuros.
Innovación para la protección hídrica: de los datos a la acción
A la fecha, el equipo técnico de la CAR ha ejecutado seis jornadas detalladas de monitoreo en cuatro puntos estratégicos localizados en la cuenca media del río Sumapaz, seleccionados por su representatividad frente a posibles fuentes de contaminación.
Estas muestras, recolectadas bajo estrictos protocolos, se encuentran actualmente en laboratorios especializados para identificar con precisión qué tipos de bacterias están presentes y a qué antibióticos específicos son resistentes.
El proceso ya cuenta con un 60% de ejecución, entrando ahora en una fase crucial de consolidación, análisis estadístico y revisión de información que servirá de base científica para la toma de decisiones administrativas y sanitarias. El director de la CAR ha destacado que este esfuerzo se sustenta en el uso de tecnología de punta e innovación científica.
El propósito último no es solo recolectar datos, sino contar con evidencia sólida y verificable que permita a la autoridad ambiental actuar como garante efectivo de la calidad del agua.
«Cuidar el agua también es cuidar la vida», señala la corporación, subrayando que la prevención de estos riesgos es vital para la estabilidad de los ecosistemas acuáticos y la seguridad sanitaria de la población a largo plazo.
Este monitoreo pionero en el río Sumapaz no solo busca resolver una problemática local, sino que pretende servir de modelo piloto y referencia técnica para otros municipios y regiones del país que enfrentan desafíos similares de contaminación hídrica y salud pública.
Con el respaldo metodológico de la OMS y el compromiso técnico de la CAR, Fusagasugá se sitúa a la vanguardia de la vigilancia ambiental en el siglo XXI.





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